Erase una vez una aldea habitada por nobles y
reyes. Los nobles eran todos los habitantes de la aldea, quienes tenían un
territorio donde establecían su vivienda, por otro lado estaban los reyes,
quienes gracias a su poder tenían autoridad y podían disponer de los
territorios a su antojo. En este caso llamaremos a los nobles, salitrenses, y los
poderosos serán los reyes Ospina.
En esta aldea reinaba la paz, la tranquilidad y
la fraternidad entre los mismos pobladores, las decisiones de los reyes habían
sido siempre aceptadas y acordadas o simplemente, lo aldeanos pensaban que
todas las acciones y construcciones que realizaban iban a ser para su
beneficio.
Hasta que un día los salitrenses se
sorprendieron al ver taladros, mezcladoras, grúas, entre otras maquinas de
construcción en uno de los territorios de la aldea, el cual solo podía ser
usado para vivienda. La indignación de los salitrenses no se hizo esperar al
ver un gran aviso que anunciaba un nuevo complejo empresarial, por lo que pidieron
una audiencia con los reyes Ospina para que les explicaran el motivo de este
proyecto.
Durante esta reunión se les informo que era un
plan de modernización que los ayudaría a parecerse a otras aldeas que habían
desarrollado los mismos proyectos. Allí empezó una batalla campal entre salitrenses
y reyes Ospina, pues el territorio donde planeaban construir iba a generar una situación
de inseguridad, iba a poner en peligros sus terrenos y además los salitrenses tenían
claro que en ese sitio solo podían realizarse proyectos de vivienda y no de
edificios modernos que perjudicaran a la zona.
La relación entre Salitrenses y reyes Ospina
ahora se basa en actas de vecindad, comunicados de jueces, y un sinfín de
peleas que no han solucionado nada y no han beneficiado ni a los salitrenses que
luchan evitar una construcción que les traerá desventajas, ni a los reyes que
buscan de cualquier modo, la ampliación y modernización sin importarles las
consecuencias que tendrá sobre los directamente implicados.